La vainilla que solemos reconocer en alimentos, cosmética y aromatizantes está fuertemente asociada a una molécula: la vainillina. Pero una verdadera chaucha de vainilla tiene un perfil aromático mucho más complejo.
Huele dulce, por supuesto, pero también puede presentar matices especiados, balsámicos, amaderados, resinosos, fenólicos y ligeramente ahumados.
Esta receta parte de un juego de perfumería botánica: intentar acercarnos al aroma de la chaucha utilizando diferentes materias vegetales, cada una encargada de aportar una parte de esa complejidad.
Importante: no estamos fabricando vainilla ni un extracto de vainilla. Estamos creando un acorde aromático inspirado en el olor de la chaucha.
Ingredientes para 250 cc
250 cc de alcohol etílico
2 ramitas pequeñas de pino o aproximadamente 1 cucharada de acículas cortadas
5 clavos de olor
1 rama de canela de unos 5 cm, partida en 2 o 3 trozos
8 a 12 gotas de esencia de vainilla, preferentemente de buena calidad
6 a 8 lágrimas pequeñas de olíbano
Opcional: 2 o 3 pequeños fragmentos de benjuí, si tenés, para reforzar el fondo dulce, balsámico y resinoso
Preparación
Colocá el pino, los clavos, la canela y las resinas dentro de un frasco de vidrio.
Agregá los 250 cc de alcohol, cerrá y dejá macerar en un lugar oscuro.
Como estamos trabajando con materiales aromáticos muy intensos, conviene empezar a oler el preparado después de la primera semana. Si el clavo o la canela comienzan a dominar demasiado, retiralos y dejá que continúen macerando el pino y las resinas.
Después de 30 a 40 días, filtrá.
Recién entonces agregá la esencia de vainilla gota a gota, comenzando con 8 gotas. Mezclá, dejá reposar unos días y evaluá el aroma antes de agregar más.
Una clave importante
No buscamos que huela a “perfume de vainilla”.
La vainillina tiene que aparecer como el corazón reconocible del preparado, mientras que el pino, el clavo, la canela y las resinas construyen alrededor las notas verdes, fenólicas, especiadas, amaderadas y balsámicas.
El objetivo es acercarnos a la sensación de oler una chaucha de vainilla curada, que es mucho más compleja que el aroma aislado de la vainillina.
Uso aromático. No formulado para consumo.
¿Qué aporta cada ingrediente?
🌲 Pino: la nota verde y resinosa
Las acículas de pino aportan compuestos terpénicos y un perfil verde, seco, amaderado y resinoso.
No buscamos que el preparado termine oliendo “a pino”, sino utilizarlo para construir el fondo vegetal y resinoso que una simple esencia de vainilla no posee.
🌰 Clavo de olor: el eugenol
El protagonista químico del clavo es el eugenol, un compuesto aromático de carácter cálido, especiado y fenólico.
El eugenol también forma parte, en proporciones mucho menores, de la complejidad aromática asociada a la vainilla natural. Por eso el clavo resulta especialmente interesante para este experimento.
Usalo con moderación: es potentísimo.
🤎 Canela: calidez y profundidad
La canela introduce una nota cálida, dulce, especiada y amaderada. Su componente aromático característico es el cinamaldehído.
En esta fórmula funciona más como un puente entre la dulzura de la vainillina y las notas especiadas y resinosas que como una imitación química exacta de la chaucha.
🍦 Vainillina: el corazón reconocible
La vainillina es una de las moléculas fundamentales del aroma de la vainilla y la responsable de buena parte de aquello que nuestro cerebro identifica inmediatamente como “olor a vainilla”.
Pero acá aparece la clave de toda la experiencia:
vainillina no es lo mismo que aroma completo de una chaucha de vainilla.
Una chaucha curada desarrolla un bouquet formado por numerosos compuestos volátiles y semivolátiles. La vainillina es importantísima, pero no trabaja sola.
Por eso utilizamos la esencia como corazón del preparado y construimos alrededor de ella.
🔥 Olíbano: el fondo balsámico
El olíbano aporta profundidad resinosa, balsámica, seca y ligeramente cítrica.
Una pequeña cantidad ayuda a quitarle a la preparación esa sensación de “esencia dulce” y llevarla hacia un aroma más complejo y tridimensional.
Preparación
Colocar dentro de un frasco de vidrio limpio las hojas de pino, los clavos de olor, la canela y los pequeños fragmentos de olíbano.
Agregar aproximadamente 100 ml de alcohol etílico, cerrar y agitar suavemente.
Dejar macerar en un lugar oscuro y fresco.
A partir de los primeros días ya se pueden realizar pruebas olfativas. Como las especias tienen una enorme capacidad aromática, recomiendo controlar especialmente el clavo y la canela.
Si alguno comienza a dominar demasiado, puede retirarse antes de finalizar la maceración.
Luego de varias semanas, filtrar.
Una vez filtrado, incorporar de manera gradual la esencia de vainilla, comenzando con pocas gotas.
Agitar y dejar reposar nuevamente para que el acorde se integre.
El secreto está en no buscar “olor a vainilla”
Este es probablemente el punto más importante de la receta.
Si agregamos demasiada esencia, simplemente obtendremos alcohol perfumado con vainilla y especias.
El desafío es otro.
Queremos que al oler aparezca primero algo familiarmente avainillado, pero que detrás puedan reconocerse capas: madera, especias, resina, verde, balsámico.
Estamos intentando acercarnos al olor de la chaucha, no solamente al olor de la vainillina.
Y por supuesto, esta fórmula no reproduce químicamente una vainilla natural. Es una interpretación botánica de su arquitectura aromática.
¿Para qué usarlo?
Una vez filtrado y estacionado puede utilizarse como preparado aromático experimental, para perfumar papeles, realizar pruebas olfativas o como punto de partida para seguir desarrollando acordes botánicos.
No está formulado como extracto alimentario ni para consumo.
Y esa es, para mí, la parte más interesante de este ejercicio: descubrir que detrás de algo que llamamos simplemente “vainilla” existe un universo aromático muchísimo más grande.
Desarmar un aroma también es una manera de aprender a oler una planta.
Comentarios
Publicar un comentario
Conectate conmigo !